viernes, 7 de marzo de 2008

Para siempre y mucho más...

Hoy mi hijo me ha confesado abiertamente que le gusta mucho una niña de su clase. Y yo he pensado: "Dios mío, ya empezamos...." De hecho, soy consciente de que tiene una predilección especial por esa niña desde que tenía tres añitos. Sólo he podido decirle que no tiene que esforzarse por gustarle, que sólo pretenda ser su amigo, y que el tiempo dará la respuesta....

La cosa es que me ha hecho recordar mi primer amor, ese gran amor que todos hemos tenido, con el que hemos llorado, reido, pero sobre todo... soñado....

Un día de verano, unos maravillosos 13 años y una piscina fueron los ingredientes necesarios para encontrar a mi primer amor... Alguien, no recuerdo muy bien quien, me presentó a un chico alto, moreno y un par de años mayor que yo, y creo que el flechazo fue mutuo e instantáneo.

Dulces sentimientos acompañan cada recuerdo..... aquellas primeras palabras, la complicidad de las miradas y la inocencia con la que latía el corazón.

Podía parecer el típico amor de verano que se desvanecería al empezar las clases, pero no fué así... aquello empezó a formar parte de algo que jamás podré olvidar, y aunque hoy día no tenemos relación alguna, tengo el convencimiento de que yo también tendré un sitio de honor en esa vitrina llena de polvo ubicada en su memoria.

La relación estuvo llena de numerosos desencuentros, principalmente provocados por mi inmadurez y mis inseguridades, pero siempre acababa retomando aquel vínculo. Esas "idas y venidas" se alargaron bastante en el tiempo, unos cuatro años más o menos, en los que me demostró con creces que nadie jamás me iba a querer tanto como lo hizo él.

Pero el destino no quiso que nuestras vidas continuaran por el mismo camino, y justo antes de conocer al que hoy día es mi marido, tuvo lugar el último desencuentro...

Y por alguna extraña razón, durante muchos años pensé que volveríamos a encontrarnos de nuevo en ese tren en el que yo me negué a subir. Aun conservo una modesta plaquita de plata que me regaló la noche en la que me dió mi primer beso, donde hay grabada una inscripción que dice así: "Para siempre y mucho más.."

El día de mi boda me ocurrió algo bastante curioso, casi de secuencia de película rosa.... Durante la celebración, al entrar en un local me tropecé con alguien que salía en ese instante. Era él, y fué algo extraño.... yo estaba allí, vestida de novia frente a mi primer amor, pero él no había sido el elegido. El cruce de miradas fué de apenas un segundo, porque reconozco que fuí yo la que no pudo aguantar el peso de sus ojos.

Muchas han sido las veces en las que me he preguntado cómo hubiera sido mi vida si hubiese cogido aquel tren.... pero también es justo decir que en ninguna de ellas me he arrepentido de tomar aquella decisión. El futuro es incierto, pero me quedo con este presente que la vida me regaló y por el que doy gracias cada día....

1 comentario:

KHORNE dijo...

Si en su momento no cogistes ese tren debió ser por que no era para ti ese viaje, o quien sabe, tal vez, no estabas preparada para subirte a ese tren...

Me ha encantado tu relato...

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