miércoles, 12 de marzo de 2008

Diario cómplice....

No he debido beber, no debería necesitar excusas para hablarte. ¿Por qué escribo esta nota, esta carta confusa que dejaré en la mesa antes de irnos, escondida en la prisa, atada desde ahora a los ojos que traigas cuando vuelvas? ¿Decirte que no pienso regresar? Ni siquiera lo sé; escribo con la mano de una actriz en paro, evocando guiones sin escena, decorados a medio quitar, frases que se arrinconan y se mantienen en el aire de un teatro vacío. El ordenado desierto de sus butacas es la melancolía de quien recuerda una silueta que se fue y la esperanza de quien necesita amar al que aún no ha llegado. Mi ordenado desierto: una vida que no puede ofrecer más espectáculo. ¿Es tal vez un intento de quitarte las riendas, de sentir en los dedos, aunque muy débilmente, el caballo de unas páginas que ya me pertenecen tanto como a tí? Exiliarme del libro significa sin duda alimentarlo, encontrar un punto definitivo para mi personaje. Hay noches en el año donde se necesita simplemente una necesidad....

Luis García Montero

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