sábado, 9 de agosto de 2008

Una triste despedida....

Este verano está siendo, cuanto menos, diferente... Normalmente, mis veranos, son la mejor época del año. Desconecto de la rutina y sobre todo suelo ir un poco a mi aire. Pero este año son muchas las circunstancias que están haciendo que me sienta bloqueada, nerviosa, con un "rum rum" siempre en mi cabeza haciendo, por tanto, que suela despistarme más de la cuenta, provocando situaciones bastante negativas, como la que paso a narrar a continuación...
Hace un par de años quisimos regalarle a Javier una mascota. Él estaba pidiéndonos un animal de compañía desde hacía algún tiempo, y en vista de que tiene alergia al pelo de prácticamente todos los animales, pensamos en comprarle un pájaro... un inseparable. Estos inseparables llamados "papilleros", son alimentados por la mano del hombre desde que nacen, motivo por el cual son sumamente cariñosos y puedes tenerlos fuera de la jaula siempre que quieras jugando con los peques sin miedo a que pueda picarles ya que tienen una gran fuerza en su pico.
Fué bautizado como Pikachu, y la sorpresa fué tremenda este invierno al encontrarnos un huevo en la jaula de nuestro supuesto macho. Era hembra, y el cariño casi puedo asegurar que aumentó.
Yo vivo en el sur, en Jaén, y aquí como podéis imaginar las temperaturas en verano superan con facilidad los 40 grados y los dias se hacen insufribles. Pues bien, un horroroso descuido mío, hizo hace unas semanas que dejara a Pikachu (porque Javier aun sabiendo que era hembra no quiso cambiarle el nombre), al sol, con lo que podéis imaginar el triste desenlace....
Lo cierto es que lo pasé fatal, sobre todo por ver a Javier como no podía parar de llorar. Afortunadamente hasta entonces él no se había enfrentado al sentimiento que provoca la muerte en ninguna de sus facetas, y teniendo en cuenta lo sumamente sensible que es, me ví obligada a mantener con él una dolorasa conversación para hacerle entender que la vida, simplemente, es así....
Una vez se hubo calmado, quedamos en depositarlo en el lugar que él eligiera. Nos dirigimos hacia el campo, a las afueras, y después de caminar un buen rato encontró el sitio idóneo donde dejar a su amado animalito. Lo cierto es que creo que acertó con el lugar, y así se lo hice saber, haciéndole sentir, dentro de lo que cabía, un poquito mejor.
Es difícil explicar por qué termina la vida, por qué todas las criaturas que habitamos este planeta somos tan vulnerables y sobre todo, hacerle sentir que lo importante está en los recuerdos que guarde dentro de su corazón.
Mi disgusto era mayor, porque yo había sido la única culpable de lo sucedido, y aunque al principio pensé no decirle nada y comprar rápidamente otro que suplantara a Pikachu, ahora me alegro de no haberlo hecho, primero porque me ví en la obligación de asumir ante él mi culpa, y segundo porque creo que todas las experiencias de la vida enriquecen, aunque muchas de ellas sean tremendamente dolorosas....

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