Un nombre y el título de un poema aguardan ser descifrados y, aletargados, buscan quien erice y despierte la dermis bajo la que reposan.
Puntos suspensivos que mecen palabras al compás de silencios que no todos saben leer... ni escuchar...
Y un punto y final que ancla al pecho el relato tímido y callado de quien solo puede vomitar todo aquello que su corteza, ya no es capaz de tapar...
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