Reencuentro (El Desenlace)
El tintineo dió paso a un silencio casi sepulcral. Blanca se sentó en la cama y comenzó a llorar amargamente. A su memoria volvió nuevamente el recuerdo de Mario. Cada día miraba su fotografía y antes de ir a dormir olía su vieja camiseta de algodón que siempre utilizaba como pijama . La guardaba como un gran tesoro y después de tantos años, aún conseguía encontrar en ella su aroma.
Se conocieron en la parada del bus una tarde de otoño, y se puede decir que fué un auténtico flechazo. Ese chico educado, gentil y como ella siempre solía decirle “con la sonrisa perfecta”, le había robado el corazón. Soñaban con un futuro, una vida en común, pero aquella noche....aquella fatídica noche aquel futuro prometedor se truncó para siempre.
Mario vivía a 50 km de su domicilio, y aquellas idas y venidas estaban empezando a minar la relación. Llevaban más de 5 años juntos y Mario le propuso irse a vivir con él. Pero Blanca no estaba dispuesta a dejar su ciudad, su trabajo, su vida....las discusiones eran cada vez más frecuentes hasta que un 27 de Mayo, sobre las 00:30 de la noche un portazo dió por finalizada la que sería la última de ellas.
Mario cogió el coche nervioso y muy alterado. Antes de arrancar miró la ventana del piso de Blanca, y durante un segundo dudó ante la idea de irse, pero la luz se apagó repentinamente, apagándose también su idea de volver a subir para intentar arreglar la situación.
El teléfono sonó a la 1:15 de la madrugada. Blanca sintió un escalofrío antes de descolgar. Al otro lado del auricular una voz desconocida le daba la mala noticia: Mario había sufrido un accidente y no había sobrevivido.
Blanca tardó en hacer vida normal más de dos años, y a día de hoy, aún no se había repuesto de su pérdida.
El informe de la Guardia Civil le martirizaba cada día de su vida. Según parecía Mario había invadido el carril contrario sin motivo aparente, encontrándose desafortunadamente con aquel gran camión. Una de las personas que habían confeccionado el informe llegó a comentarle, extraoficialmente, que todo apuntaba a que, Mario, intencionadamente, había provocado el accidente terminando así con su vida.
Esto la había marcado hasta tal extremo, que se había hecho responsable del accidente, y no era capaz de perdonarse su cobardía cuando Mario salió aquel día por la puerta de casa.
Su vida jamás fué igual. Se aisló de prácticamente todas las personas de su entorno. No volvió a mirar a otro hombre con la intención de mantener algún tipo de relación, y no era por falta de aspirantes, porque alguno que otro había bebido los vientos por ella, pero era misión imposible despertar en ella algún tipo de sentimiento.
La martirizaba no saber lo que realmente ocurrió aquella noche. Hubiera dado cualquier cosa por tener algún dato real, pero sobre todo por saber si en esos últimos segundos de vida sufrió....pero...cómo saber???, tan solo podía imaginar, y eso le causaba si cabe más dolor aun.
Había acabado tumbándose en la cama, liada aún por aquella toalla rosa pastel. Las sábanas estaban mojadas a la altura de su cara. Aquellas lágrimas habían sido compañeras prácticamente cada noche.
Sus ojos empezaron a sentir una fuerte luz, y comenzó a abrirlos lentamente. Se incorporó poco a poco y pudo percibir un césped mojado bajo sus pies. No sabía dónde estaba. Pero reconoció la gran puerta que se encontraba delante de ella. La había visto justo la noche anterior, en su sueño. Pero entonces.....era esto también un sueño????...todo parecía tan real....Por primera vez después de mucho tiempo sentía una gran paz interior, y sus miedos parecían haberse disipado.
vislumbró a lo lejos una pequeña figura que se acercaba con gran rapidez y también pudo reconocer a ese pequeño hombrecillo que la noche anterior la había visitado.
¿Dónde estoy? ¿Quién eres? ¿Qué ocurre?
Tranquila – añadió el hombrecillo con voz serena - yo represento tu pasado,- y continuó mientras se atusaba la barba- No temas. Hoy, si lo deseas, darás respuesta a tu pregunta.
Mi pregunta??- contestó Blanca con voz temblorosa.
Detrás de esa puerta podrás ver como espectadora de excepción una escena del pasado – y continuó con voz mucho más grave- pero he de advertirte algo. Sentirás cada segundo como si lo estuvieras viviendo en primera persona, pero nada de lo que hagas cambiará el rumbo del destino.
-Mario... -murmuró Blanca con los ojos llenos de lágrimas.
- Si quieres saber lo que realmente ocurrió, atraviesa esa puerta.
El hombrecillo se volvió y comenzó a caminar con las manos cruzadas en la espalda hacia un horizonte que parecía ser infinito.
Un sudor frío recorrió el cuerpo de Blanca. Asustada y temblando como jamás antes lo había hecho, agarró aquel gran pomo color bronce y lo giró lentamente.
El chirriar de aquella gran puerta penetró en sus entrañas como si de cuchillos se tratara, y al otro lado...oscuridad, una tremenda oscuridad.
Avanzó unos metros y percibió el mojado asfalto bajo sus pies. Llovía. Se encontraba en mitad de una carretera, cuando de repente las luces de un vehículo a lo lejos la cegaron casi por completo.
Había algo en la carretera. No lograba ver con claridad el objeto. Guiñó sus ojos por un instante con la intención de poder reconocer ese objeto desconocido.
“Un gato”, pensó. “Sí, es un gato”. El coche se acercaba con rapidez y Blanca giró la cabeza buscando la figura del pequeño felino comprobando que seguía apostado en el mismo lugar.
Justo en sentido contrario pudo divisar también otras luces mucho más potentes y que se acercaban también velozmente hasta aquel punto del asfalto.
En ese momento reconoció a Mario tras el volante de su coche.
- Mario!!!!!! Mario!!!!!! Nooooo....frenaaaaa!!!!! Por Dios Mario....frena!!!!- pero era inútil, él no podía escucharla.
La lluvia caía cada vez con más intensidad. Mario giró el volante violentamente justo delante de aquel gato y casi sin tener tiempo de reaccionar acabó empotrado debajo del camión que circulaba en sentido contrario.
Blanca estaba allí, justo al lado del coche de Mario, atónita. Aquel día se cumplían diez años del fatídico accidente, y la vida, parecía haber sido cómplice con ella después de tanto tiempo para ofrecerle esta especie de reencuentro. La lluvia empapaba su cuerpo y las lágrimas su alma. Miró por la ventanilla. Allí estaba Mario, inmóvil, encerrado entre un amasijo de hierros. Su rostro transmitía paz y serenidad. Movió un instante su cabeza y balbuceó algo:
Blanca.....
Sus ojos se cerraron y entonces Blanca escuchó aquel sonido. ..aquel tintineo de nuevo. Miró hacia el camión. Allí estaban. Colgadas en el espejo retrovisor se encontraban unas pequeñas campanillas que el aire movía ritmicamente produciendo aquel peculiar sonido. Fué lo último que Mario escuchó.
Con los ojos llenos de lágrimas Blanca arrancó aquellas campanillas y cerró el puño sujetándolas con fuerza. Su amor, el gran amor de su vida, se encontraba frente a ella, aparentemente dormido, con los rasgos que la habían enamorado prácticamente intactos, pero sin esa sonrisa perfecta dibujada en su cara.....
Abrió los ojos sobresaltada sobre su cama. Su toalla había empapado el sudor que recorría su cuerpo.
“Ha sido un sueño”, pensó. Pero inmediatamente después de tener este pensamiento, acercó lentamente su mano derecha hacia su rostro. Mantenía el puño cerrado. Su corazón empezó a latir apresuradamente. Abrió pausadamente su puño, y las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro al comprobar que mantenía sobre su mano unas pequeñas campanillas.
Sentía dolor por haber revivido todo aquel calvario, pero una gran paz por saber lo que realmente ocurrió.
Mario le había dedicado su último pensamiento. Sus últimas palabras. No tuvo un gesto de dolor ni de sufrimiento, y lo que era más importante, fué un accidente....tan solo un fatídico accidente.
Blanca se levantó de la cama. Abrió su ventana y respiró hondo. Quizá a partir de aquel día su vida sería distinta. Colgó las campanillas en la lámpara de su habitación. Y volvió a sentarse a los pies de su cama. Una ligera brisa entró por la ventana produciendo aquel delicado tintineo. Aquel sonido sería, posiblemente, el más bello que jamás escucharía, o al menos, el que le proporcionara la más bella de las sensaciones.....
jueves, 27 de septiembre de 2012
martes, 25 de septiembre de 2012
Mis relatos...
Reencuentro....(2ª Parte)
(1ª Parte http://neruda-mamaenapuros.blogspot.com.es/2011/07/mis-relatos.html )
Se descalzó aquellos zapatos de tacón cuadrado y plataforma que la hacían aún más esbelta, los empujó con el pie hacia un rincón de la sala de estar y se dirigió hacia la cocina mientras movía su cuello y hombros hacia atrás con el afán de descargar la tensión acumulada después de un duro día de trabajo. Se paró justo delante de su frigorífico con la idea de beber algo fresco, pero antes de abrirlo repasó algunos de los imanes que adornaban la puerta. Los había de todo tipo y colores, de todas las formas y orígenes: Londres, París, Portugal, Sicilia, Amsterdam, Estambul y otros muchos de infinidad de rincones de su patria natal, y por un instante sintió un gran vacío; allí estaban todos esos imanes, testigos impasibles de numerosos lugares que ella jamás había podido visitar. Sentía debilidad por aquellas figuras inanimadas, y prácticamente todos habían sido obsequio de conocidos o compañeros de trabajo, y por alguna extraña razón, necesitaba que formaran parte de su vida. Pero en aquel momento sintió por primera vez no haber sido testigo presencial de cada uno de esos lugares. Y ese vacío aumentó por segundos, hasta que al cerrar los ojos dejó escapar una lágrima que en solitario rodó por su mejilla. Tomó aire y se volvió de espaldas al frigorífico dejando atrás su idea de abrirlo. Ese huracán de sentimientos que la estaba invadiendo durante todo el día la tenía bastante aturdida. Necesitaba desconectar y pensó en darse una ducha y prepararse para ir a dormir.
Ahora se sentía algo más relajada y delante del espejo, enrollada en su toalla “rosa pastel” como ella misma la definía, y mientras se alisaba el pelo escuchó a los vecinos del 3º mientras mantenían una discusión bastante acalorada. “Por eso yo prefiero estar sola”, pensó mientras esbozaba una maliciosa sonrisa. Lo cierto es que llevaba demasiado tiempo sola, y esa soledad, estaba empezando a consumirla. Hacía ya más de diez años de aquel suceso que tanto la había marcado, y desde entonces se había vuelto incluso más hermética si cabe a la hora de abrir su corazón.
Sacó su camisón que andaba minuciosamente doblado debajo de la almohada, costumbre que le inculcó su madre y que seguía realizando día tras día cuando se disponía a acicalar su cama. Era extremadamente pulcra en ese sentido. Alisaba cuidadosamente cada arruga de sus sábanas hasta dejar la cama casi impoluta, y más de una vez se volvía desde mitad del pasillo para alisar de nuevo el embozo.
Estaba sujetando por los tirantes aquel camisón color marfil, cuando de repente apareció de nuevo el sonido de aquellas campanillas. Su piel se erizó increíblemente; ahora parecían más cercanas, tenía la sensación de que al volverse podría ver la fuente de aquel delicado sonido allí mismo, en su propia habitación. Las voces de sus vecinos se habían disipado por aquel tintineo y parecía como si el tiempo se hubiese parado...
(1ª Parte http://neruda-mamaenapuros.blogspot.com.es/2011/07/mis-relatos.html )
Se descalzó aquellos zapatos de tacón cuadrado y plataforma que la hacían aún más esbelta, los empujó con el pie hacia un rincón de la sala de estar y se dirigió hacia la cocina mientras movía su cuello y hombros hacia atrás con el afán de descargar la tensión acumulada después de un duro día de trabajo. Se paró justo delante de su frigorífico con la idea de beber algo fresco, pero antes de abrirlo repasó algunos de los imanes que adornaban la puerta. Los había de todo tipo y colores, de todas las formas y orígenes: Londres, París, Portugal, Sicilia, Amsterdam, Estambul y otros muchos de infinidad de rincones de su patria natal, y por un instante sintió un gran vacío; allí estaban todos esos imanes, testigos impasibles de numerosos lugares que ella jamás había podido visitar. Sentía debilidad por aquellas figuras inanimadas, y prácticamente todos habían sido obsequio de conocidos o compañeros de trabajo, y por alguna extraña razón, necesitaba que formaran parte de su vida. Pero en aquel momento sintió por primera vez no haber sido testigo presencial de cada uno de esos lugares. Y ese vacío aumentó por segundos, hasta que al cerrar los ojos dejó escapar una lágrima que en solitario rodó por su mejilla. Tomó aire y se volvió de espaldas al frigorífico dejando atrás su idea de abrirlo. Ese huracán de sentimientos que la estaba invadiendo durante todo el día la tenía bastante aturdida. Necesitaba desconectar y pensó en darse una ducha y prepararse para ir a dormir. Ahora se sentía algo más relajada y delante del espejo, enrollada en su toalla “rosa pastel” como ella misma la definía, y mientras se alisaba el pelo escuchó a los vecinos del 3º mientras mantenían una discusión bastante acalorada. “Por eso yo prefiero estar sola”, pensó mientras esbozaba una maliciosa sonrisa. Lo cierto es que llevaba demasiado tiempo sola, y esa soledad, estaba empezando a consumirla. Hacía ya más de diez años de aquel suceso que tanto la había marcado, y desde entonces se había vuelto incluso más hermética si cabe a la hora de abrir su corazón.
Sacó su camisón que andaba minuciosamente doblado debajo de la almohada, costumbre que le inculcó su madre y que seguía realizando día tras día cuando se disponía a acicalar su cama. Era extremadamente pulcra en ese sentido. Alisaba cuidadosamente cada arruga de sus sábanas hasta dejar la cama casi impoluta, y más de una vez se volvía desde mitad del pasillo para alisar de nuevo el embozo.
Estaba sujetando por los tirantes aquel camisón color marfil, cuando de repente apareció de nuevo el sonido de aquellas campanillas. Su piel se erizó increíblemente; ahora parecían más cercanas, tenía la sensación de que al volverse podría ver la fuente de aquel delicado sonido allí mismo, en su propia habitación. Las voces de sus vecinos se habían disipado por aquel tintineo y parecía como si el tiempo se hubiese parado...
domingo, 5 de agosto de 2012
Necesidades....
A veces es suficiente con tumbarse, cerrar los ojos y escuchar algo que te gusta.
A veces...solo a veces...sientes que no necesitas mucho más.
Afortunadamente...esta es una de esas veces....
domingo, 22 de julio de 2012
Huidas....
Pues como lo prometido es deuda, y me encuentro con fuerza para plasmar aquí lo que pienso y siento al respecto, y sin que sirva de precedente...allá voy.Me indicas una dirección de correo electrónico, haciéndome suponer que siempre estuviste ahí, por qué no lo siento así??. Quizá después de leer esto acabes teniendo una ligera idea de ello...o no...
Ella era mi amiga, tú...he de decir que te acabé sintiendo como amigo, como buen amigo.
Sabes que eras importante en el grupo...muy importante. Tenías alma de líder, y digo "tenías" porque supongo que como todos, habrás evolucionado y no sé hasta qué punto ha llegado esa evolución...o retroceso.
Yo entendí los motivos. Y quizá yo los entendí mejor que nadie, puesto que me era fácil ponerme en tu situación. Una separación no es fácil. Se haga de la forma que se haga siempre despierta sensibilidad y es susceptible a críticas, sobre todo de la parte opuesta. No érais la única pareja que se separaba, ni la última, pero siento que a pesar de esto, no elegiste la mejor de las maneras. Pero no era mi cometido juzgar, y respeté...ante todo respeté, y a día de hoy, sigo haciéndolo.
Pero tuve la impresión que quisiste "huir" de todo y de todos, incluso de tus raíces, aunque tampoco quisiera entrar en ese terreno.
Me sentí defraudada, aquel líder que estaba en lo alto del pedestal, sencillamente cayó.
Y quizá la culpa de eso no fué del todo tuya, porque nosotros fuimos los que allí te subimos, aunque creo que tú labraste gran parte de ese ascenso.
He de confesarte algo, aunque supongo que siempre lo has imaginado. Al principio de pasar todo, cuando nos reuníamos, tú eras siempre el tema de conversación....siempre. Pero fueron pasando los meses...los años....y tu nombre sencillamente dejó de mencionarse.
Yo me acordaba de tí cada vez que veía en Operación Triunfo a la bailarina del pelo rojo....recuerdas???, aquella que te llamaba tanto la atención. Y sigo acordándome hoy día cada vez que veo a Risto Mejide, ya sé que puede parecer estúpido, pero ese aire chulesco del Sr. Mejide me trae tu recuerdo a la mente.
Pues sí...me sigo acordando de tí....de vez en cuando. Y sigue siendo un recuerdo tierno, pero siempre con cierto aire de reproche, y eso es inevitable.
Como antes he mencionado, todos hemos evolucionado en estos años, pero considero que yo, por diversas circunstancias, lo he hecho de forma especial. Y tú no estabas ahí. Ni detrás de una dirección de correo, ni detrás de un teléfono....no estabas...
Había un vínculo con alguien mucho más especial que conmigo, pero tampoco estuviste en momentos muy complicados para él.
Quizá pensaste que después de tanto tiempo algunas cosas seguirían tal y como las dejaste, pero te equivocas, había una necesidad...que terminó convirtiéndose en cierta nostalgia.
Me importaba tanto lo que pensabas en aquella época, tenía tanta dependencia en ese sentido.....que en parte me alegro que eso hoy día se haya convertido en una gran indiferencia.
Hoy no mido mis palabras, creo que no debo hacerlo, aun sabiendo que esto, sí que significará tu última huida.
A pesar de todo esto, he de reconocer que me gustaba saber que estabas ahí, detrás de algunos comentarios de mi rincón, ese lugar donde soy YO, guste o no.
Siempre he creído que camine donde camine una persona, sus raíces son lo más importante, parte de su esencia. Una pequeñísima parte de esas raíces hemos sido nosotros, y renunciaste... no quieras hacerme creer otra cosa.
Las cosas que se quedan en el camino, no se pueden recuperar...pero existen sensaciones que quedan incrustadas a fuego en el alma. Tú formaste parte de una etapa maravillosa de mi vida. Compartiste increíbles momentos junto a mí (mi boda, el nacimiento de mi hijo, etc.), y me seguirá gustando verte de tarde en tarde y darte dos sinceros y fuertes besos, pero ese sentimiento decepcionante no cambiará por darme una dirección de correo electrónico...
Un beso...
viernes, 20 de julio de 2012
Historia de una sonrisa....

Érase una vez una niña a la que empezó a visitar el ratoncito Pérez, sin saber ésta, que ese iba a ser el principio de muchos años de angustia.
Y es que sus pequeños dientes no salieron de forma ordenada, poco a poco se iban apiñando, y su sonrisa se fué apagando con los años.
Era un complejo evidente, que siempre intentaba ocultar e intentar llevar de la mejor manera, aunque no siempre lo conseguía.
Al llegar a los 14 años su madre le propuso ir al dentista para valorar la posibilidad de la ortodoncia, y a pesar de realizar todas las pruebas y contar con el apoyo económico de su familia (algo de suma importancia en aquella época debido al coste del tratamiento), la decisión que tomó fué la de no seguir adelante.
Fué arrastrando esta desacertada decisión muchos años más, hasta que un día, después de una crisis personal, pensó en dejar atrás lo que había supuesto un auténtico lastre durante demasiado tiempo.
Quería sonreir sin tapar su boca, sin agachar la cabeza....quería que su sonrisa brillara con luz propia. Sabía que esos 2 largos años de los que le hablaban tanto la dentista, como el periodoncista, serían duros y costosos, pero por una vez en su vida, decidió que podía asumir ese sufrimiento.
Quien le iba a decir a aquella pequeña que levantaba la almohada ilusionada buscando el regalo del ratón Pérez que al final, su boca, iba a ser casi perfecta, pero sobre todo, quién le iba a decir que iba a superar muchos de sus miedos e inseguridades.
Pues bien, después de 2 años y 4 meses, hoy me han quitado la ortodoncia, y he de reconocer que me siento tremendamente feliz. Contemplo mi imagen en el espejo y no reconozco mi sonrisa, una totalmente distinta a la que he ocultado durante todo este tiempo.
Ha sido duro, pero lo hubiera sido aun más si al llegar a una edad avanzada, me hubiera arrepentido de no haberlo intentado.
Me siento satisfecha por poder tachar otro punto más de esa larga lista de propósitos que sigo guardando en un cajón.....y además en esta ocasión, lo hago con una enorme y fantástica sonrisa dibujada en mi cara....
domingo, 6 de mayo de 2012
Mi máscara...
Una frase de Montse ha despertado, desde hace un tiempo, cierto desazón en mi día a día."Pasas de puntillas por la vida, y no haces nada por remediarlo". Esas fueron sus palabras textuales, y realmente no puedo contrariarla, porque es algo que siempre he sabido, aunque ahora he sido consciente de que no estaba tan asumido como creía.
El ser yo misma me resulta difícil, tremendamente complicado, y solo en algunos círculos consigo desinhibirme por completo.
Puedo parecer fría, antipática e incluso presuntuosa. Es la sensación que quizá despierto si no me conocen demasiado. Me cierro...yo y mi mundo, y mi mundo y yo... y qué más dá...a veces tengo la sensación de que no merece la pena abrirme, poner de manifiesto mi verdadera personalidad. Utilizo mi escudo, esa especie de máscara que me hace sentir segura, pero a la vez incómoda.
También es cierto que tengo la desagradable sensación de que a los demás no les importa demasiado como soy, no se preocupan lo más mínimo por conocer a la verdadera "neruda".
¿Cómo no pasar de puntillas por la vida? También es cierto que mi forma de ser me impide dar gigantescos y ruidosos pasos que llamen demasiado la atención. Odio llamar la atención. Me hace sentir inseguridad el que los demás me observen. ¿Y qué hacer entonces? ¿Intentar cambiar, aunque eso suponga renunciar a quien creo ser?. Pero me gustaría sentirme alguien importante, aunque cuando utilizo esta definición no me refiero a poseer poder, liderazgo o el beneplácito de todos; es algo tan sencillo como no sentirme totalmente invisible.
Siempre he dicho que me siento diferente al resto, y puntualizo: no mejor, simplemente distinta. Y sinceramente creo que tengo mucho para aportar, pero sigo pasando de puntillas por la vida....
martes, 17 de abril de 2012
Pedacitos de tí...
Orozco...otra de mis debilidades.... Me gustaría no estar hecha de pedacitos de tí, ni de tí ni de NADIE, porque eso, entre otras cosas, me haría sentir menos vulnerable... pero es demasiado tarde... me impregné de tu voz, de tu andar, del reir, del sentir... aunque muchas noches sigan siendo grises...
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