jueves, 27 de septiembre de 2012

Mis Relatos....

 Reencuentro (El Desenlace)

El tintineo dió paso a un silencio casi sepulcral. Blanca se sentó en la cama y comenzó a llorar amargamente. A su memoria volvió nuevamente el recuerdo de Mario. Cada día miraba su fotografía y antes de ir a dormir olía su vieja camiseta de algodón que siempre utilizaba como pijama . La guardaba como un gran tesoro y después de tantos años, aún conseguía encontrar en ella su aroma.
Se conocieron en la parada del bus una tarde de otoño, y se puede decir que fué un auténtico flechazo. Ese chico educado, gentil y como ella siempre solía decirle “con la sonrisa perfecta”, le había robado el corazón. Soñaban con un futuro, una vida en común, pero aquella noche....aquella fatídica noche aquel futuro prometedor se truncó para siempre.
Mario vivía a 50 km de su domicilio, y aquellas idas y venidas estaban empezando a minar la relación. Llevaban más de 5 años juntos y Mario le propuso irse a vivir con él. Pero Blanca no estaba dispuesta a dejar su ciudad, su trabajo, su vida....las discusiones eran cada vez más frecuentes hasta que un 27 de Mayo, sobre las 00:30 de la noche un portazo dió por finalizada la que sería la última de ellas.
Mario cogió el coche nervioso y muy alterado. Antes de arrancar miró la ventana del piso de Blanca, y durante un segundo dudó ante la idea de irse, pero la luz se apagó repentinamente, apagándose también su idea de volver a subir para intentar arreglar la situación.
El teléfono sonó a la 1:15 de la madrugada. Blanca sintió un escalofrío antes de descolgar. Al otro lado del auricular una voz desconocida le daba la mala noticia: Mario había sufrido un accidente y no había sobrevivido.
Blanca tardó en hacer vida normal más de dos años, y a día de hoy, aún no se había repuesto de su pérdida.
El informe de la Guardia Civil le martirizaba cada día de su vida. Según parecía Mario había invadido el carril contrario sin motivo aparente, encontrándose desafortunadamente con aquel gran camión. Una de las personas que habían confeccionado el informe llegó a comentarle, extraoficialmente, que todo apuntaba a que, Mario, intencionadamente, había provocado el accidente terminando así con su vida.
Esto la había marcado hasta tal extremo, que se había hecho responsable del accidente, y no era capaz de perdonarse su cobardía cuando Mario salió aquel día por la puerta de casa.
Su vida jamás fué igual. Se aisló de prácticamente todas las personas de su entorno. No volvió a mirar a otro hombre con la intención de mantener algún tipo de relación, y no era por falta de aspirantes, porque alguno que otro había bebido los vientos por ella, pero era misión imposible despertar en ella algún tipo de sentimiento.
La martirizaba no saber lo que realmente ocurrió aquella noche. Hubiera dado cualquier cosa por tener algún dato real, pero sobre todo por saber si en esos últimos segundos de vida sufrió....pero...cómo saber???, tan solo podía imaginar, y eso le causaba si cabe más dolor aun.
Había acabado tumbándose en la cama, liada aún por aquella toalla rosa pastel. Las sábanas estaban mojadas a la altura de su cara. Aquellas lágrimas habían sido compañeras prácticamente cada noche.
Sus ojos empezaron a sentir una fuerte luz, y comenzó a abrirlos lentamente. Se incorporó poco a poco y pudo percibir un césped mojado bajo sus pies. No sabía dónde estaba. Pero reconoció la gran puerta que se encontraba delante de ella. La había visto justo la noche anterior, en su sueño. Pero entonces.....era esto también un sueño????...todo parecía tan real....Por primera vez después de mucho tiempo sentía una gran paz interior, y sus miedos parecían haberse disipado.
vislumbró a lo lejos una pequeña figura que se acercaba con gran rapidez y también pudo reconocer a ese pequeño hombrecillo que la noche anterior la había visitado.
¿Dónde estoy? ¿Quién eres? ¿Qué ocurre?
Tranquila – añadió el hombrecillo con voz serena - yo represento tu pasado,- y continuó mientras se atusaba la barba- No temas. Hoy, si lo deseas, darás respuesta a tu pregunta.
Mi pregunta??- contestó Blanca con voz temblorosa.
Detrás de esa puerta podrás ver como espectadora de excepción una escena del pasado – y continuó con voz mucho más grave- pero he de advertirte algo. Sentirás cada segundo como si lo estuvieras viviendo en primera persona, pero nada de lo que hagas cambiará el rumbo del destino.
-Mario... -murmuró Blanca con los ojos llenos de lágrimas.
- Si quieres saber lo que realmente ocurrió, atraviesa esa puerta.
El hombrecillo se volvió y comenzó a caminar con las manos cruzadas en la espalda hacia un horizonte que parecía ser infinito.
Un sudor frío recorrió el cuerpo de Blanca. Asustada y temblando como jamás antes lo había hecho, agarró aquel gran pomo color bronce y lo giró lentamente.
El chirriar de aquella gran puerta penetró en sus entrañas como si de cuchillos se tratara, y al otro lado...oscuridad, una tremenda oscuridad.
Avanzó unos metros y percibió el mojado asfalto bajo sus pies. Llovía. Se encontraba en mitad de una carretera, cuando de repente las luces de un vehículo a lo lejos la cegaron casi por completo.
Había algo en la carretera. No lograba ver con claridad el objeto. Guiñó sus ojos por un instante con la intención de poder reconocer ese objeto desconocido.
“Un gato”, pensó. “Sí, es un gato”. El coche se acercaba con rapidez y Blanca giró la cabeza buscando la figura del pequeño felino comprobando que seguía apostado en el mismo lugar.
Justo en sentido contrario pudo divisar también otras luces mucho más potentes y que se acercaban también velozmente hasta aquel punto del asfalto.
En ese momento reconoció a Mario tras el volante de su coche.
- Mario!!!!!! Mario!!!!!! Nooooo....frenaaaaa!!!!! Por Dios Mario....frena!!!!- pero era inútil, él no podía escucharla.
La lluvia caía cada vez con más intensidad. Mario giró el volante violentamente justo delante de aquel gato y casi sin tener tiempo de reaccionar acabó empotrado debajo del camión que circulaba en sentido contrario.
Blanca estaba allí, justo al lado del coche de Mario, atónita. Aquel día se cumplían diez años del fatídico accidente, y la vida, parecía haber sido cómplice con ella después de tanto tiempo para ofrecerle esta especie de reencuentro. La lluvia empapaba su cuerpo y las lágrimas su alma. Miró por la ventanilla. Allí estaba Mario, inmóvil, encerrado entre un amasijo de hierros. Su rostro transmitía paz y serenidad. Movió un instante su cabeza y balbuceó algo:
Blanca.....
Sus ojos se cerraron y entonces Blanca escuchó aquel sonido. ..aquel tintineo de nuevo. Miró hacia el camión. Allí estaban. Colgadas en el espejo retrovisor se encontraban unas pequeñas campanillas que el aire movía ritmicamente produciendo aquel peculiar sonido. Fué lo último que Mario escuchó.
Con los ojos llenos de lágrimas Blanca arrancó aquellas campanillas y cerró el puño sujetándolas con fuerza. Su amor, el gran amor de su vida, se encontraba frente a ella, aparentemente dormido, con los rasgos que la habían enamorado prácticamente intactos, pero sin esa sonrisa perfecta dibujada en su cara.....
Abrió los ojos sobresaltada sobre su cama. Su toalla había empapado el sudor que recorría su cuerpo.
“Ha sido un sueño”, pensó. Pero inmediatamente después de tener este pensamiento, acercó lentamente su mano derecha hacia su rostro. Mantenía el puño cerrado. Su corazón empezó a latir apresuradamente. Abrió pausadamente su puño, y las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro al comprobar que mantenía sobre su mano unas pequeñas campanillas.
Sentía dolor por haber revivido todo aquel calvario, pero una gran paz por saber lo que realmente ocurrió.
Mario le había dedicado su último pensamiento. Sus últimas palabras. No tuvo un gesto de dolor ni de sufrimiento, y lo que era más importante, fué un accidente....tan solo un fatídico accidente.
Blanca se levantó de la cama. Abrió su ventana y respiró hondo. Quizá a partir de aquel día su vida sería distinta. Colgó las campanillas en la lámpara de su habitación. Y volvió a sentarse a los pies de su cama. Una ligera brisa entró por la ventana produciendo aquel delicado tintineo. Aquel sonido sería, posiblemente, el más bello que jamás escucharía, o al menos, el que le proporcionara la más bella de las sensaciones.....

martes, 25 de septiembre de 2012

Mis relatos...

Reencuentro....(2ª Parte)

(1ª Parte  http://neruda-mamaenapuros.blogspot.com.es/2011/07/mis-relatos.html )

 
Se descalzó aquellos zapatos de tacón cuadrado y plataforma que la hacían aún más esbelta, los empujó con el pie hacia un rincón de la sala de estar y se dirigió hacia la cocina mientras movía su cuello y hombros hacia atrás con el afán de descargar la tensión acumulada después de un duro día de trabajo. Se paró justo delante de su frigorífico con la idea de beber algo fresco, pero antes de abrirlo repasó algunos de los imanes que adornaban la puerta. Los había de todo tipo y colores, de todas las formas y orígenes: Londres, París, Portugal, Sicilia, Amsterdam, Estambul y otros muchos de infinidad de rincones de su patria natal, y por un instante sintió un gran vacío; allí estaban todos esos imanes, testigos impasibles de numerosos lugares que ella jamás había podido visitar. Sentía debilidad por aquellas figuras inanimadas, y prácticamente todos habían sido obsequio de conocidos o compañeros de trabajo, y por alguna extraña razón, necesitaba que formaran parte de su vida. Pero en aquel momento sintió por primera vez no haber sido testigo presencial de cada uno de esos lugares. Y ese vacío aumentó por segundos, hasta que al cerrar los ojos dejó escapar una lágrima que en solitario rodó por su mejilla. Tomó aire y se volvió de espaldas al frigorífico dejando atrás su idea de abrirlo. Ese huracán de sentimientos que la estaba invadiendo durante todo el día la tenía bastante aturdida. Necesitaba desconectar y pensó en darse una ducha y prepararse para ir a dormir.
Ahora se sentía algo más relajada y delante del espejo, enrollada en su toalla “rosa pastel” como ella misma la definía, y mientras se alisaba el pelo escuchó a los vecinos del 3º mientras mantenían una discusión bastante acalorada. “Por eso yo prefiero estar sola”, pensó mientras esbozaba una maliciosa sonrisa. Lo cierto es que llevaba demasiado tiempo sola, y esa soledad, estaba empezando a consumirla. Hacía ya más de diez años de aquel suceso que tanto la había marcado, y desde entonces se había vuelto incluso más hermética si cabe a la hora de abrir su corazón.
Sacó su camisón que andaba minuciosamente doblado debajo de la almohada, costumbre que le inculcó su madre y que seguía realizando día tras día cuando se disponía a acicalar su cama. Era extremadamente pulcra en ese sentido. Alisaba cuidadosamente cada arruga de sus sábanas hasta dejar la cama casi impoluta, y más de una vez se volvía desde mitad del pasillo para alisar de nuevo el embozo.
Estaba sujetando por los tirantes aquel camisón color marfil, cuando de repente apareció de nuevo el sonido de aquellas campanillas. Su piel se erizó increíblemente; ahora parecían más cercanas, tenía la sensación de que al volverse podría ver la fuente de aquel delicado sonido allí mismo, en su propia habitación. Las voces de sus vecinos se habían disipado por aquel tintineo y parecía como si el tiempo se hubiese parado...

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