jueves, 13 de noviembre de 2008

El "afilaor"....

Este domingo, temprano, mientras aun estaba metida en la cama, escuché a lo lejos el sonido de una armónica que me hizo por un instante rememorar viejos tiempos. Se trataba del "afilaor", una figura que prácticamente ha desaparecido y que ha formado parte de muchos despertares en mi infancia.
Recuerdo aquellas mañanas de sábados o domingos donde sin falta pateaba las calles aquel hombre tocando su armónica con un soniquete muy particular, afilando cuchillos, tijeras y demás utensilios. Iba siempre llevando a reata su vieja moto y haciendo sonar aquel instrumento como reclamo para todo el vecindario.
Llevaba en el portamaletas de su mobilette un artilugio con un pequeño motor que hacia rodar una piedra redonda donde afilaba todos los utensilios. Recuerdo ver desde mi ventana cientos de chispas saltar mientras este señor realizaba su trabajo y siempre había varias vecinas haciendo cola con alguna tijera o navaja de su marido.
Hoy día podemos decir que es una figura casi extinguida, ya que quedan muy poquitos que se dediquen a este menester. Por eso, cuando escuché ese peculiar sonido volví por un momento a aquella infancia y me invadieron numerosos recuerdos.
Asomé un poquito mi nariz por la ventana para ver a aquel señor, y tengo que admitir que me sentí algo defraudada al comprobar que la imagen que yo guardaba de él no se correspondía demasiado con la actual.
Iba en un cochecito de estos que no necesitan carnet, y no hubo chispas, ni vecinas haciendo cola, simplemente pasó tocando su armónica sin llamar demasiado la atención....
Suspiré hondo y volví a meterme en la cama pensando que quizá sea verdad aquello de que cualquier tiempo pasado parece mejor....

jueves, 6 de noviembre de 2008

Mis Relatos....

Escala de valores....

Ni siquiera sabía por qué estaba allí.... Sus manos, algo temblorosas, no paraban de manosear los flecos de su vieja bufanda y sin apenas alzar la cabeza se levantó de la silla en una especie de arrebato inusual en ella.
Se dirigió hacia el mostrador de la entrada, despejado ahora de la cantidad de personas que se habían agolpado frente a él unas horas antes. Aclaró su garganta con una suave tos con la simple intención de hacer notar su presencia ante la enfermera que se encontraba tras aquel frío soporte de mármol.
Ana volvió a repetir el mismo sonido hasta tres veces más sin obtener respuesta alguna de aquella señora.
De repente sintió mucha calor, agarró con desesperación su bufanda desprendiéndola de su esbelto cuello y se dispuso a levantar la voz:

- Disculpe, -dijo Ana con voz firme y clara- llevo más de dos horas esperando y nadie me ha atendido.

La enfermera la miró por encima de sus grandes gafas haciendo una mueca de auténtico pasotismo.

-Señorita, hay casos más urgentes que el suyo... debe esperar.

Ana volvió a ocupar su asiento sintiéndose cada vez más nerviosa. Rebuscó en su bolso y sacó su móvil. Se quedó mirando al teléfono unos minutos sin apenas parpadear, intentando quizá tomar una decisión. Lo abrió, buscó en su agenda y apretó la tecla de llamada...

-Si? -se oyó tras apenas un par de tonos de llamada- Ana?....

En ese instante Ana cerró con un golpe seco el móvil produciendo un ruido que esta vez si que alertó a la enfermera del mostrador la cual le lanzó una mirada casi envenenada.
No había tenido fuerzas para hablar con Hugo, cómo decirle que se encontraba en Urgencias dispuesta a hacer algo que iba en contra de sus principios..... Pero él era parte implicada en esta historia- pensó Ana mientras expulsaba lentamente el aire por la comisura de su boca.
De repente la voz de la enfermera la devolvió otra vez a la realidad...

-Ana Serrano!... diríjase a la consulta 2.

Cogió con rapidez su bolso y su bufanda situada en el asiento de al lado y mientras suspiraba entre aliviada y nerviosa se dispuso a entrar en la consulta.
Se encontró con una doctora joven, muy guapa, que la saludó con voz suave.

- Ana, me han comunicado que has solicitado la "pastilla del dia después", - comentó la doctora con voz pausada.
- Si.... bueno.....yo.....,- balbuceó Ana.
-Tranquila, entiendo tu nerviosismo, solo quiero hacerte un par de preguntas

El temblor se había apoderado de prácticamente todo su cuerpo. No podía creer que estuviera a punto de traicionar sus valores, su ética. Respiró hondo para hacer desaparecer esa presión en el pecho que la había acompañado toda la mañana.

-Habéis utilizado algún medio anticonceptivo?- continuó la doctora.
-Pues....no,- respondió Ana a media voz.... -Él me prometió que sabría controlar la situación... pero... no fué así.
-Se trata de una relación estable?

Por un momento Ana se había quedado bloqueada mirando la cara de aquella mujer. Le inspiraba confianza y había dejado de temblar.

-Sí... llevamos 6 meses saliendo... y va en serio.
-Qué edad tienes?
-Acabo de cumplir los 18... hace apenas unas semanas...

Y de repente se derrumbó....

-No podría afrontar un embarazo!!!.... ahora no!!!. Mis estudios, mis padres.... lo siento... lo siento....!!!

La doctora se levantó de su asiento e intentó tranquilizarla.

-Tranquila, no tiene por qué surgir un embarazo... por eso estás aquí no?

Ana asintió con la cabeza mientras se secaba las lágrimas con la manga de su jersey.
La doctora se dirigió hacia una vitrina llena de medicamentos y cogió un pequeño bote. Lo abrió, depositó en su mano una pequeña pastilla y se dirigió hacia ella.

-Ana, tengo que explicarte explícitamente lo que hace este medicamento, hablarte de sus contraindicaciones y estar segura de que sabes lo que estás haciendo. Lo entiendes?

Ana volvió a asentir con la cabeza.
En el instituto había participado en alguna manifestación contra el aborto, en incluso llegó a pertenecer a una especie de fundación que deploraba este tipo de cosas.
Pero estaba asustada.... con sus 18 añitos no podía enfrentarse a ese tipo de responsabilidades.... si hubiera quedado embarazada sería el fin de su prometedor futuro.
De repente recordó unas palabras de uno de sus autores preferidos, que decían así: "Vivid no de acuerdo con los ideales recibidos, sino con vuestras aspiraciones, con vuestra intuición más vehemente"
Levantó la cabeza y mirando a los ojos de la doctora, Ana contestó:

-Estoy preparada....
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