jueves, 14 de febrero de 2008

Una historia inacabada.....

Hace un tiempo tuve la intención de sentarme frente a un papel en blanco y escribir mi historia, mi vida....La cuestión es que aunque empecé a hacerlo aquellos papeles con demasiados garabatos quedaron olvidados en el fondo de un cajón, y hoy, después de muchísimo tiempo, los he desempolvado y aquí os muestro lo que iba a ser el inicio de una especie de autobiografía frustrada... No inventé nada, sólo cambié los nombres de cada personaje.


"Y en este rincón, sentada y con el miedo inscrustado en mi estómago, como en tantas otras ocasiones, me paro por un instante a pensar como cambiar mi vida, esta vida que entre todos han forjado, y que no siento como mía.
Y mirando hacia atrás en el tiempo, encuentro el momento en el que todo se me escapó de las manos. Cerrando los ojos, repaso una y otra vez cada minuto, cada instante.... Complicada...quizá, diferente...ahora sé que sí."


El siguiente borrador habla sobre mi familia y la describía de la siguiente forma:


"...No puedo continuar sin hacer una mención a mi familia, el pilar más importante de mi vida. Julia, mi hermana, es una gran mujer. Siempre ha tenido la cabeza bien amueblada, y ha sido sumamente madura aun cuando no tenía edad para ello. En cada etapa de la vida me ha ido poniendo el listón muy alto, y la verdad es que no siempre he podido dar la talla. En los estudios, como persona, incluso como hija, en todo momento ha sido superior y ha sido imposible, a veces, evitar comparaciones. No me siento frustrada por ello, es más, me siento orgullosa de tenerla como ejemplo, porque eso ha hecho que en muchas ocasiones me haya esforzado aun más por conseguir mis metas.... "mis metas".... pendientes y lejanas algunas, en plena ebullición otras, y alguna que otra pasada que después de conseguida deseé que se hubiera quedado en el camino.
Pero vayamos por partes; aún quedan las dos personas más importantes que sustentan este pilar: mis padres.
Quizás los idolatre demasiado, pero a lo largo de mi vida su tesón y desvivir así me lo han hecho sentir. En este momento me doy cuenta de algo de lo que nunca he sido consciente; me cuesta muchísimo describirlos, abrir extraordinariamente mi alma para analizar cada uno de mis sentimientos con respecto a ellos me resulta una ardua tarea. Quizá sea porque son muchos y sumamente complejos, o por miedo de admitir lo que los demás con su silencio dicen a gritos, y es que con mis 25 años, aún dependo totalmente de ellos.
Esta será la forma de hacerles mi pequeño homenaje.
Julia y José, dos personas que sin duda nacieron para ser padres: los mejores, y es que ya durante el noviazgo mi padre tenía algo muy claro : "...Si tuviera la certeza de que no pudiera ser padre, no me casaría", le repitió a mi madre en más de una ocasión, para la angustia y desesperación de ésta, y no es que ella no quisiera tener hijos, pero se estremecía al pensar que si, por cualquier motivo, esto no ocurría, la tristeza invadiría el corazón de la persona que tanto amaba.
Y si además, a su gran deseo, añadimos la ilusión que tenía de que fueran del sexo femenino, podemos decir que la alegría se dió por partida doble.
El matrimonio fué en este sentido tan productivo como ellos desearon, porque otra cosa que ambos tenían muy clara es que no querían más de dos hijos. Estoy segura de que se pusieron manos a la obra la misma noche de bodas, pero la gran noticia se dió después de tres angustiosos meses sin que aquellos momentos de placer hubieran dado algún resultado. Por fín mi madre estaba embarazada y el corazón de mi hermana Julia empezaba a latir dentro de su vientre"


Y cómo no, otro fragmento hablaba acerca de la que era, es y siempre será mi mejor amiga y de alguna de nuestras reuniones...


"...Cómo añoro aquellas tardes en casa de Elena. Ese lugar era nuestro punto de encuentro. Casi siempre quedábamos allí. Recuerdo aquellas merendolas copiosas que siempre nos preparaba Doña Paca, la madre de Elena; galletas, donuts, bizcocho casero, y gran variedad de dulces, entre los que se encontraban los rosquillos de chocolate, mis preferidos, todo ello acompañado de café o zumo de melocotón. Cada vez que, en cualquier ocasión, paladeo ese zumo, viene a mi mente aquella estancia. Podría describir cada detalle.... Y cómo no, Elena siempre ataviada con su viejo chandal y chaqueta de punto, y por supuesto, esos pañuelos anudados al cuello que tanto la caracterizaban, y que si por cualquier motivo ella olvidaba, ahí estaba Doña Paca con uno de ellos en la mano aclamando: -"Dios bendito hija! con el frío que hace. Abrígate, abrígate..."
Doña Paca era una mujer cálida y transparente. Siempre canturreando y sus risas eran parte de aquellas reuniones. Aún quejosa con sus achaques y dolores, irradiaba alegría y nos había dado tanta calor y confianza, que nos sentíamos como en casa.
Esas tardes de invierno tenían un sabor especial. Casi siempre nos juntábamos para repasar algún ejercicio de clase o para preparar algún examen. Aunque también había tiempo para charlar de nuestras cosas o para la confesión de algún secreto. Los chicos eran tema obligatorio, y alguna que otra de nuestras experiencias más íntimas. Para hablar de sexo no teníamos tapujos, bueno Elena y yo no, pero Pili se escandalizaba con poco. Siempre fué muy discreta en ese tema.
Elena era la que gozaba de más experiencia; ella empezó a salir con Rubén a los 14 años, y entre juegos y caricias inocentes, ambos habían ido descubriendo la sexualidad. Por supuesto, la intimidad de esos juegos no era del todo violada, pero si es verdad, que éramos partícipes de muchos detalles....
Y entre tanto bullicio, y casi ajena a todo, se encontraba Doña Amparo, la abuela paterna de Elena. Para nosotras era "La abuela"; una mujer fuerte como un roble y de edad considerable que permanecía en silencio con el semblante arrugado por los años y que con una serenidad pasmosa aguantaba nuestro griterío.
Cuando llegábamos le hacíamos la pregunta de rigor. -"Abuela, ¿cómo está?, y con una sonrisa dulce y temblorosa nos respondía: -"Ahí vamos, tirando, hija, tirando..." Eran las únicas palabras que arrancábamos de su boca.
Merendaba con nosotras, siempre bajo los atentos cuidados de Doña Paca, que iba y venía constantemente para que no le faltara nada a "La abuela".
Me estremezco al pensar que, hoy por hoy, con la memoria perdida y la inconsciencia instalada en su mente, sigue ganándole el pulso a la vida...."


Y aunque jamás conseguí terminar lo que iba a ser "la gran historia de mi vida", lo que sí tenía claro era cuál sería el final. Un final muy distinto al del inicio de esta aventura, y es que analizando muchos de los momentos vividos, descubrí que mi existencia era mucho más rica de lo que nunca imaginé. Mi libro se despediría así:


"Y en este rincón, sentada y sintiendo aun el miedo en mi estómago, pienso por un instante lo grandiosa que es mi vida, esta vida que todos me ayudaron a forjar y que, por fortuna, es únicamente MIA...."


No sé si alguna vez terminaré este libro, probablemente no sea así, pero sí tengo que agradecerle a esa iniciativa el proceso de maduración que desarrolló en mi interior y que hizo posible que empezara a ver la vida de distinto color.

2 comentarios:

Iván dijo...

Solo es cuestión de esfuerzo el acabarla. Y algo de imaginación. Ya que haces una autobiografía, ¿por qué no imaginarte alguna cosa?
Siempre le he tenido miedo a ese tipo de historias. O quizá sea una vida demasiado aburrida como para hacerla texto. El caso es que, siempre que escribas, estarás narrando una parte de ti misma. Juntando todos los relatos podrás desenredar tu propia historia.

neruda dijo...

En parte es lo que hago en este blog, narrar una parte de mi vida. No tengo miedo a escudriñar ciertos rincones de mi interior, supongo que es más cuestión de falta de tiempo.
Yo también pensaba que mi vida era demasiado aburrida, pero cuando escribes parte de tu historia te das cuenta de todo lo bueno que has vivido.

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